| Crísis de campesinos productores de panela en Cundinamarca |
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Los bajos precios de la panela no sólo han provocado endeudamiento en los productores del departamento, sino que algunos, dicen ellos, están "aguantando hambre". "Los del campo estamos debiendo hasta la comida. Toca sacar el mercado fiado", afirma Álvaro González, un productor del Naranjal, para pintar el nivel de la crisis. Hoy, el precio de la panela ha alcanzado niveles tan bajos como los del 2000, cuando el kilo valía 614 pesos. El 2007 fue un buen año y el producto alcanzó casi los 1.600 pesos. Carlos Fernando Mayorga, director del área técnica de Fedepanela, explica que la baja de los precios se debe a la sobreproducción generada por el aumento de los cultivos de caña.
"Hace unos años, los precios de la panela estaban muy altos y la gente empezó a sembrar mucha caña. Ahora, hay una sobreoferta que deprime los precios. La expectativa del etanol carburante también incitó, en menor medida, a que la gente sembrara caña y se aumentara la producción", añade Mayorga. Hoy, con un valor tan bajo, las 15.000 familias de Cundinamarca que viven de la producción de panela están perdiendo plata. Mercedes de Rojas, funcionaria de la planta de panela de Nocaima, Asovaqueros, confirma que la mayoría de los que se dedican a este negocio están produciendo a pérdida. Según ella, para poder sostenerse y ganar dinero, la panela debería venderse en 1.500 pesos, es decir, casi al doble del precio vigente. Pablo Antonio Pajarito, panelero de Nocaima, coincide con Rojas y revela que: "hay gente que muele caña y queda debiendo plata". Pero él no es el único que se queja de la situación. Los productores dicen que la carga (unas 50 panelas, que pesan 100 kilos) se está vendiendo entre los 60.000 y 65.000 pesos, y para producirla deben invertir 80.000 o más, perdiendo entonces 20.000 pesos por carga. "Muchos de mis compañeros han perdido sus fincas. Las han tenido que vender para pagar las deudas que contrajeron con los bancos", asegura Álvaro González, del Naranjal. El presidente del Comité de Paneleros de Cundinamarca, Hernando Ruiz, dice que a pesar de que las políticas incitan al crédito, hoy muchos campesinos están en cobro jurídico por falta de ingresos para pagar las cuotas.
Además de las fluctuaciones de los precios, a la crisis de la panela han contribuido problemas comerciales y tecnológicos. Hernando Ruiz, presidente del Comité de Paneleros, respalda a Yoscua. "Los que tienen la plata son los intermediarios, que no saben nada de un trapiche. Ellos están ganando el 80 por ciento. Nosotros les vendemos la panela a 1.000 pesos, ellos la venden a 2.200 a los almacenes de cadena, que la revenden a unos 3.300 pesos". Esa cadena hace que los precios para el consumidor final sean muy elevados y que, en consecuencia, baje y estanque el consumo. Adicionalmente, según Ruiz, la gente produce la panela pero no hace el embalaje ni tiene el transporte adecuado, y por eso hay tantos intermediarios. Toda esta situación afecta directamente a los productores, que no tienen la capacidad de ahorrar. Carlos Fernando Mayorga, director del área técnica de Fedepanela, afirma que esto representa un gran problema para los paneleros porque no tienen flujo de caja, y además, las grandes cadenas de almacenes les pagan a 60 ó 90 días". El atraso tecnológico La falta de capacidad para el ahorro, a la vez, se ha convertido en un freno para la inversión en nuevas tecnologías y en mejoramiento de las plantas para aumentar la competitividad. En el Valle, según Ruiz, los trapiches son más tecnificados y sus niveles de productividad y de rentabilidad son más altos. Con una tonelada de caña producen 150 kilos de panela, mientras en Cundinamarca, menos de 80 kilos. "Aquí la infraestructura es muy obsoleta y los costos se elevan. Con el retraso tecnológico no hay garantía de buenos rendimientos", añade. Mayorga agrega que ese atraso impide acceder a nuevos mercados internacionales.
Hay una propuesta en la que coinciden distintas personas del gremio para salir de la crisis: asociarse. "Hay muchas pequeñas unidades poco productivas, y se necesitan menos pero más eficientes. La única manera de que se vuelvan competitivos es con organización", dice Carlos Fernando Mayorga, de Fedepanela. La idea principal, según Mauricio Ángel, ingeniero de Fedepanela, es crear trapiches comunitarios para reunir todos esos pequeños trapiches aislados y poco competitivos para tener más fuerza, acoplarse a las exigencias sanitarias del Invima y así mejorar la calidad de la panela y responder a las exigencias del mercado. Pero los mismos campesinos confiesan que existe una cultura muy individualista, que ha dificultado este proceso. Nocaima, Quebradanegra, y Quipile son tres pilotos en este sentido. Han intentado reagrupar los trapiches, porque un solo campesino no puede cultivar la caña y también transformarla. "En otros departamentos, los dueños de trapiches no cultivan caña, y eso los hace más efectivos. Nariño es un buen ejemplo de esa división del trabajo", dice Ángel. En esas unidades se pretende invertir en máquinas de embalaje y en un transporte adecuado para eliminar los intermediarios, para que el productor gane más. Otra solución es la diversificación de los subproductos de la panela. Según Mayorga, es necesario buscar nuevas presentaciones y nuevos usos para la caña, para darle un respiro al mercado. En Fedepanela advierten que hay que explorar nuevos nichos de mercados, como la panechaza, una especie de miel de panela que podría reemplazar a la melaza utilizada para alimentar al ganado y así generar nuevos ingresos. Carolina Sitter Cortés |